El Movimiento Regenerador

Preconizado por el Maestro Haruchica Noguchi, puede ser practicado no importa por quién, excepción hecha de los moribundos, y de las mujeres durante algunos dias después del parto, período durante el cual su pelvis se vuelve a cerrar.

   Una palabra sobre el Maestro Noguchi. Autodidacta, afortunadamente para él, pues asi ha podido evitar la contaminación de las ideas preconcebidas, fundó el método llamado Seitai. Su primera hazaña fue la curación que realizó, cuando tenia doce años, a sus vecinos que sufrian diarrea, durante el gran terremoto que asoló la región de Tokyo en 1923. Entonces fue cuando encontró su vocación, con la cual continuó. Pero después de haber estudiado todos los métodos de curación, llegó a la conclusión de queel hombre no puede ser salvado por métodos de curación. Así llegó a concebir la idea del Seitai.

   El Seitai,literalmente coordinación física, presenta una idea bastante compleja, pues no se trata ya de una noción corriente de buena salud, sinónimo de ausencia de enfermedad.

   Demos aquí, a pesar de todo, algunos aspectos sobresalientes de esta idea.

   Primero, el hombre que ha ralizado el Seitai posee reflejos suficientemente desarrollados para poder reaccionar a todaslas anomalias, sin que necesariamente tome conciencia de ello. Vomitará si la comida no le conviene, incluso si el paladar glotón desea aceptarla. Se eviará muchos casos de envenenamiento. Su sensibilidad se incrementa, de modo que no será cojido desprevenido por enfermedades. Las enfermedades son aceptada más bien como fluctuaciones fisiológicas. No busca curarlas, pues sabe explotarlas en provecho suyo. Su catarro es frecuente pero no dura mucho tiempo, sólo el espacio de algunas decenas de minutos y, una vez pasado, se siente refrescado.

   Segundo, su respiración penetra más profundamente que en la gente ordinaria.

   Tercero, su sueño no dura mucho rato, porque es profundo. Se repone de su cansancio muy rapidamente.

   Cuarto, tiene el cuerpo flexible, no tenso ni rígido.

   Quinto, se concentra y se relaja a voluntad.

   Sexto, sus necesidades son precisas. No interroga a los especialistas para saber lo que hay que comer o lo que hay que hacer. Su cuerpo lo sabe.

   Séptimo, el desfase entre su pensamiento y su acción desaparece. Su torpeza cede el puesto a la destreza sin que él mismo sepa cómo ha operado este cambio.

  Octavo, tiene serenidad de espiritu, etc.

 

(Extracto del Libro del No Hacer, de I. Tsuda)

 

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